Es momento de partir…. de dejar nuestra tierra.

migracin y resiliencia

Posiblemente conseguimos una beca para seguir estudiando, a nuestro padre/madre, pareja o a nosotros/as nos ofrecen trabajo en el extranjero, lo aceptamos y llegamos en pareja o familia. Un cambio para todos. Muchos/as otros/as simplemente se lanzan a la aventura, continuar con sus estudios, buscar otras oportunidades laborales, una creencia impulsa a buscar una mejor calidad de vida en otra parte, apoyar a la familia que dejamos, unos/as llegan en “mejores condiciones” porque tienen “un puesto asegurado de trabajo”, y …. cosas pasan en el camino que no habíamos pensado, otros/as llegan sólo con la reserva de hotel por unas noches, para después buscar una habitación en alquiler.

Con nuestra mochila al hombro emprendemos nuestra aventura; un día, por diferentes motivos, decidimos "dejar" nuestra casa, familia y amigos para irnos a otra tierra y empezar de nuevo.

Y ¿qué cosas nos llevamos? Cosas que en un principio consideramos adecuadas ya que pensamos que funcionarán, son necesarias, nos podrían sacar de algún apuro o de algún antojo desorbitado y encontramos en nuestra maleta: una lata de chiles en vinagre, una salsita casera, "un ejemplar" de nuestra golosina favorita, un paquetito de tortillas. Nuestras ilusiones enrolladas en nuestro título profesional, y dependiendo de nuestro destino final, nuestro abrigo más calientito, que resulta insuficiente para soportar el invierno....

Y llegamos.... con nuestra mochila en los hombros o arrastrando maletas con rueditas, nadie nos espera, nadie nos recibe, somos un extranjero más que se "pierde" entre los nacionales, llegamos sin enchufes, sin ventajas.

Sorpresa, admiración, ilusión, extrema felicidad.... sentimientos que muchos/as experimentamos durante las primeras semanas, y poco a poco esto se transforma al pasar los meses, en los cambios de estación. Muchos/as quisimos tirar la toalla más de una vez y agarrar el primer avión cuando nos sentíamos sin aliento y no teníamos a nadie cerca que nos ayudará a pasar esa gripe que nos deja devastados/as. Cuando en nuestra búsqueda de empleo, el golpe de "esta realidad" nos golpeó ya que " nuestra experiencia y/o estudios no eran equivalentes", debíamos prepararnos más, tomar más cursos, más certificaciones, homologar.... Empezamos "desde abajo, mesereando", y con esta experiencia aprendimos a VALORAR y darle otro significado al trabajo, aprendimos que cualquier trabajo es digno, y aprendimos a ser verdaderamente empáticos/as o por el contrario, el coraje, la impotencia y la frustración ganaban terreno. Gastamos todo lo que nos quedaba en tarjetas, "locutorios" y cuánto medio nos permitiera seguir en contacto con los que se quedaron en casa.

¡Y se acercaba nuestro cumpleaños! O.... Navidad... Muchos/as tuvimos que autocantarnos las mañanitas cenar solos/as en Navidad, ver una peli en año nuevo para pasar la noche y olvidar un poco.

Al estar "lejos" vamos perdiendo los momentos importantes en la vida de nuestros seres queridos. Somos los/as eternos ausentes en las bodas, nacimientos, graduaciones, incluso en los funerales. Las redes sociales son nuestras grandes aliadas, una pantalla ahora es nuestra mejor amiga y la que nos muestra parte de lo que pasa con los nuestros. Aprendimos a hacer algo "mágico" para que esa imagen que vemos en la pantalla del celular (móvil) o de la compu (ordenador) la pudiéramos sentir físicamente, anhelando que ese beso mandado a través de ella, llegará hasta nuestra mejilla con el calor y contacto de la otra persona.

Hemos hecho nuevos amigos, una nueva familia o hemos sido adoptados por la de otros cuando ha sido posible. Nos hemos acostumbrado al clima, a la redes de trasporte público, en ocasiones nos sorprendernos por el precio del mismo cuando “convertimos euros a nuestros pesos”, dejamos de hacerlo cuando vemos las ventajas y facilidades que nos brinda. Empezamos a hablar otro idioma o tenemos otras palabras para nombrar a ciertas cosas. Empezamos a “hablar raro”, al principio no nos entienden en el país al que llegamos y pronto se ríen de nosotros cuando hablamos “con los que se quedaron”. Aprendimos a caminar con las manos fuera de los bolsillos, ya no es necesario ir sujetando el celular (móvil), algunos/as de nosotros/as nos sorprendernos en los hospitales públicos al observar las instalaciones, el trato recibido. Si te enfermas, estarás bien atendido/a y no te costará un ojo de la cara. También hemos aprendido a apagar la luz, nunca se nos olvida hacerlo cuando salimos de la habitación o incluso aprovechar lo más que se pueda la luz natural, dejamos las frutas tropicales para momentos especiales, ya que implican un lujo, modificamos nuestro gusto con sabores locales.

Hemos aprendido a cruzar donde se debe, conducir como se debe, bajar y subir donde se debe, nos vamos acostumbrando al silencio por un lado y a los gritos en los bares, a ver los columpios puestos en los parques. Cuando caminamos por la calle y escuchamos a lo lejos un mariachi empezamos a seguirle para ver dónde va a tocar algo. Cuando los escuchamos, "nos ponemos chinitos" (se eriza nuestra piel).

Somos hormiguitas ahorradoras para organizarnos unas vacaciones a nuestra tierra, con la esperanza de poder hacerlo por lo menos una vez al año, y cuando estamos ahí hemos aprendido a ser pacientes y comprender que ellos siguen con su vida, trabajo y que posiblemente los fines de semana no sean suficientes.

No somos millonarios porque ganemos en euros. Somos gente "echada pa lante", aquí y en nuestro país. Somos resilientes, “capaces de adaptarnos a situaciones adversas recuperando nuestro estado inicial cuando aquello amenazante ha cesado”. Aprendemos que, las circunstancias difíciles nos permiten desarrollar recursos que tenemos latentes pero que desconocíamos.

A nosotros/as también nos duele nuestro país aunque no estemos en el por mucho tiempo. Somos testigos de su cambio, para bien o para mal. Somos unos/as nostálgicos/as permanentes porque añoramos el lugar donde nacimos y crecimos, nos fuimos en busca de nuestro destino, no huyendo de nuestras raíces.

Algunos/as somos abiertos, y nos gusta conocer a personas de otras nacionalidades para intercambiar tradiciones, costumbres, gastronomía y hablar de lo bello y espectacular que es el país de cada uno.

Sufrimos y temblamos preguntándonos si nuestros seres queridos están en casa sanos y salvos cuando nos enteramos de malas noticias.

 

El tiempo pasa y cosas pasan, las superamos, unas veces “fácilmente” y otras no tanto. Poco a poco nos “acostumbramos” y se “acostumbran a nuestra ausencia”.

Quizá emigramos solos/as, en pareja o en familia. En cualquiera de los escenarios anteriores, cada persona siente de forma distinta, su adaptación es distinta, su duelo es distinto. Es necesario saber esto para poder entenderlo, aceptarlo y gestionarlo. Al final comprendemos que, todas las “piedras” que encontramos en nuestro camino, nos han fortalecido y enriquecido. Hemos crecido.

 

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta

 

 

 

     

indefensin aprendida

Te encuentras en algún sitio y te das cuenta que, el aire que respiras ahí te presiona, te sientes pequeña(o), desamparada(o), como si estuvieras encerrada(o) en un diminuto cubo que impide que tengas acceso a una ventana, a la luz, a la claridad. Situación que antes posiblemente no te incomodaba, ahora sí pero permaneces ahí, porque los esfuerzos que has hecho para salir han sido inútiles, ya no tienes fuerza. ¿Te has sentido así? Si es así, estás frente a una situación importante que debes atender, llamada “indefensión aprendida”.


Martin Seligman, psicólogo y escritor estadounidense, estudió los efectos que producían en animales una sería de choques eléctricos inescapables. Desarrollaban un patrón de conductas y de cambios neuroquímicos semejantes a los de la depresión, fenómeno que nombró como desamparo o indefensión aprendida.


La teoría de Seligman, dice que estas conductas se desarrollan sólo cuando no hay esperanza de poder controlar la situación aversiva, existe la pérdida de control del ambiente. Esta situación es fruto de una historia de fracasos en el intento de querer cambiar o modificar los escenarios amenazantes y una historia de reforzamientos sobre una base insegura que no ha permitido que la persona aprenda las complejas aptitudes necesarias para controlar el ambiente.


¿Qué factores pueden entrar en juego para que una persona experimente indefensión aprendida?


No existe UNA situación en específico que genere indefensión, “la realidad” es interpretada y percibida de manera distinta para cada persona, es decir, encontraremos que se conjugarán una serie de elementos ambientales, relacionales y constitutivos que pueden favorecer o no su aparición y desarrollo. Algunos “factores precipitantes” que encontramos pueden ser cuando la persona está continuamente expuesta a una seria de circunstancias adversas como: patrones relacionales disfuncionales en la familia nuclear donde la violencia es normalizada, nula educación emocional, sobrecarga en el trabajo sin llegar a objetivos, falta de apoyo de seres queridos y cercanos durante tiempo prolongado, presión escolar, marginación o rechazo social. La persona “se va adaptando”, normaliza estos hechos, no se siente merecedora de una situación diferente, existen creencias negativas arraigadas desde hace bastante tiempo que generan pensamientos limitantes desembocando conductas paralizantes.


Pueden presentarse “sutiles” señales de alarma a las que debemos prestar la atención debida ya que nos pueden ayudar a detectarlo para impedir que la persona sufra un deterioro mayor. Cuando existe un rechazo en la iniciación de tareas voluntarias, como por ejemplo: comer, asearse, ir a trabajar, al colegio; hasta que poco a poco se abandonan (no hay motivación), y tras ello se presentan estados de ansiedad y extrema tristeza hasta el punto en el que la persona es incapaz de vislumbrar ciertas soluciones a problemas que le atormentan, cuando observamos déficits en los aspectos motivacional, emocional y cognitivo, muy probablemente es porque la indefensión se esté haciendo presente o que ya se sufre de ella.


¿Qué imposibilita a una persona para salir de esto? Es porque cuando se encuentra en esta situación tiene una afectación integral no sólo en los ámbitos motivacional, emocional y cognitivo, sino también a nivel fisiológico. En resumen, toda su persona, los distintos ámbitos psíquicos y somáticos se suman en dicho síndrome. En consecuencia, no bastará con tomar la decisión de romper con el ciclo negativo, se requiere de un equipo multidisciplinario que contenga para hacer frente y ayudar a la persona a “salir de esto”. Los/as psicoterapeutas, son parte fundamental de este equipo.


A modo preventivo, es crucial conocer los medios en los que nos hemos desarrollado y crecido, a lo que hemos estado expuestas(os), a las fuertes expectativas que nos han depositado y/o que hemos generado de nosotras(os) mismas (os), a estar alertas en todo momento cuando o como se pueden vulnerar nuestros límites. Comprender la forma en que se desarrolló dicho fenómeno será parte vital para poder ayudar a las personas lo sufren.

Vanessa Maillefert Rovira.
Psicoterapeuta.

 

 

 

 

¿Te ha pasado que te sientes “rechazado/a” y/o señalado/a en tu propia familia de origen? Tus ideas, pensamientos o actitudes “chirrían” con la de los demás, ¿eres una persona que va “contra corriente” de lo que se dice o se hace en la familia?


Hay familias que se “estructuran” a través de distintos conflictos que pasan de generación en generación. Por ejemplo, familias en donde la mayoría de los miembros no alcanzan el éxito laboral, truncan sus estudios, familias que pareciera que su “talón de Aquiles” es la carencia, la falta de dinero; por más que hacen, no consiguen salir de la pobreza, y un buen día “alguien” es distinto, se plantea metas, hace grandes esfuerzos, consigue cosas, es exitoso/a. Ese “alguien” es señalado/a, la familia se pregunta cómo lo ha hecho y no da crédito, enseguida esta persona es excluida. Cabe señalar que, en este mismo caso, puede suceder lo contrario; es decir, los miembros de la familia “se quieren aprovechar” y sacar la mayor ventaja posible, depositando así toda la responsabilidad económica en quien lo ha conseguido, a modo de “mandato” se espera que sea la salvadora del sistema. En este caso, estaríamos frente a un movimiento familiar distinto, que nada tiene que ver con ser “la oveja negra de la familia”, sin embargo considero necesario mencionarlo para dar lugar, más adelante en otro artículo, para plantear las “cargas inconscientes que nos depositan y que aceptamos”.


Volviendo a “los/as señalados/as”, otras familias llevan en sus raíces (historia) una serie de situaciones muy bien fortalecidas por un silencio destructivo transformado en fidelidad y lealtad. En donde los abusos (de sustancias y/o sexuales), secretos y complicidades manipuladoras son perpetuados por los miembros de la familia. Pero, “alguien” se revela, hace algo distinto. ¿Se quiere “salvar”? ¿Quiere “salvar” a otro miembro? ¿Está dando un giro importante a este sistema familiar a través de una protesta que es leída por los/as demás como rebeldía? ¿Está abriendo y mostrando otros caminos o modos en donde la funcionalidad pareciera vulnerar ese “estatus quo de enfermedad”?

contra corriente

De acuerdo con Bert Hellinger, el sistema familiar está dirigido por una conciencia común que une a todos los miembros, preocupándose por los derechos de cada uno y velando porque nadie sea excluido. La “fuerza” que ejerce el sistema familiar en los miembros es bastante importante, de ahí la complejidad en impedir “que alguien haga algo distinto o sea distinto”, pues donde algún miembro es olvidado y menospreciado, se desarrollan identificaciones e implicaciones sistémicas.


Entonces, se pone en juego la “lealtad” por querer seguir siendo “parte de” y “huir de”; el miedo puede ganar terreno puesto que enfrentarse a la soledad imposibilita la acción para “salir de”, dado que de forma natural, los seres humanos no estamos muy habituados a ella. Cuando dentro de nuestra familia nos sentimos olvidados, las implicaciones sistémicas inconscientes, pueden causar trastornos psíquicos, enfermedades, conductas conflictivas o la incapacidad de avanzar. Nos encontramos ante una importante paradoja. “Si me quedo me enfermo, si me voy estaré solo/a y enfermaré”. ¿Qué hacer frente a esto?


Identificar, analizar y actuar; es decir, si dentro de tu sistema familiar detectas que eres distinto/a, crees que se puede hacer de otra manera, has detectado o has sido parte de etiquetas, abusos, secretos, mentiras y/o manipulaciones, es momento de sentirte orgulloso/a de ser “una oveja negra”.


Las llamadas “ovejas negras” de la familia son, en realidad, buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico. Aquellos miembros del árbol genealógico que no se adaptan a las normas o tradiciones del sistema familiar, aquellos que desde pequeños buscaban constantemente revolucionar las creencias, yendo en contravía de los caminos marcados por las tradiciones familiares, aquellos criticados, juzgados e incluso rechazados, esos, por lo general, son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras. Las ovejas negras, las que no se adaptan, las que gritan rebeldía, reparan, desintoxican y crean una nueva y florecida rama. Incontables deseos reprimidos, sueños no realizados, talentos frustrados de nuestros ancestros se manifiestan en su rebeldía buscando realizarse. El árbol genealógico, por inercia, querrá seguir manteniendo el curso castrador y tóxico, lo cual hace una tarea difícil y conflictiva. Que nadie te haga dudar, cuida tu rareza como la flor más preciada de tu árbol. Eres el sueño realizado de todos tus ancestros. Bert Hellinger.


Si, el amor a la familia nutre y enriquece pero, ¿estás seguro/a de que es AMOR? ¿Qué idea se tiene de amor, de lealtad, de fidelidad, a costo de qué? Lo de “amar” incondicionalmente a la familia es un mito, hay personas que crecen en familias disfuncionales y decirles que se tienen que quedar ahí y amar incondicionalmente a su familia es obligarles a que acepten sus comportamientos abusivos y tóxicos, nadie debe querer por obligación.


Es válido alejarse, separarse e incluso despedirse de relaciones y de comportamientos nocivos si se hace desde el verdadero entendimiento (el correcto conocimiento y análisis). Debemos tener presente que, muchos comportamientos no son explicables por la situación actual de una persona sino que, se remontan a distintos sucesos durante su desarrollo; en su familia de origen, a vivencias de sus padres y antepasados más lejanos, aun cuando estos están muertos.


De lo que se trata es de restituir a cada uno en el sistema, respetando su particularidad y su destino, de esta manera todos en la familia encontrarán la fuerza propia.

 

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta

 

 

 

 

UNA/UN PSICÓLOGA/O ES….


Una persona que tiene vocación por promover y mejorar la salud mental aumentando así el bienestar de las personas. Vocación es: esa “llamada interna”, inspiración, inclinación e interés que se siente para dedicarte a escuchar, para poder atender, cuidar, acompañar y ayudar a los demás.


unapsicologaesAlgunas personas tienen la “falsa creencia” que “damos consejos o sugerencias”, esto no es así. Somos profesionales. Para poder ejercer éticamente nuestro trabajo, mínimo nos dedicamos a estudiar cuatro o cuatro años y medio años en la licenciatura, con horas de prácticas desde este momento, a esto se añaden “algunos” años más de especialidades, diplomados, maestrías o máster y doctorado. Entre los diversos cursos y actualizaciones que hacemos en el camino. Durante estos estudios, aprendemos: cómo se desarrolla y funciona el cerebro humano, qué impacto tienen las hormonas, los psicofármacos y las drogas en nuestro cuerpo y en el comportamiento, cómo se produce el aprendizaje, cómo se procesa la información que recibimos, cómo se influyen las personas unas a otras, cómo se producen las emociones, así como los medios que podemos emplear para gestionarlas cuando son desproporcionadas y/o afectan a la persona y/o a terceros, cómo fomentar habilidades personales e interpersonales, identificamos los hábitos, conductas y/o actitudes dañinas para la salud y para las relaciones, que trastornos, problemas o crisis pueden aparecer durante el desarrollo humano y cómo tratarlos. El objetivo es mejorar y elevar la calidad de vida de nuestros pacientes en diversas esferas, esto se desarrolla y se va logrando gracias y a través del trabajo psicoterapéutico, en donde, ante una situación estresante o de crisis, las/los psicólogas/os, te escuchamos, acompañamos, tranquilizamos y ayudamos. Comprendemos y transmitimos conocimientos útiles para proporcionar recursos que ayudarán a generar cambios más funcionales, satisfactorios y duraderos. Somos una guía para que el andar sea más sencillo, para que “se libere espacio mental tras una buena limpieza y reacomodo” y se tenga sitio para albergar felicidad, nuevos proyectos, metas y mejores relaciones interpersonales.


Las personas que no han tenido contacto previo con ningún/a psicólogo/a, deben informarse muy bien sobre la formación reglada que posee, así como experiencia. No es válido, ni mucho menos ético tomar “unos cursos” relacionados con “algo” de psicología y pretender que se tiene el soporte teórico-práctico, así como la facultad y las herramientas para dar psicoterapia.


En muchas ocasiones ocurre que, consultan a una persona que quizá no tenga la formación y experiencia pertinente y eso podrá ocasionar, en la mayoría de los casos experiencias negativas sobre “la psicología”. Es por ello importante que, cuando alguien decida iniciar un tratamiento psicológico se informe de manera amplia sobre el/la profesional que le atenderá.


Recuerda que, es un camino de conocimiento y crecimiento altamente satisfactorio.

 

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta individual, de pareja y familiar.

 

 

VIOLENCIA EN LA VIDA COTIDIANA
¿QUÉ PODEMOS HACER PARA DEJAR DE NORMALIZARLA?

Entendamos violencia como: “la exposición intensa y/o repetida de actos físicos sensoriales y/o emocionales que perturban el equilibrio y estabilidad de un sujeto haciendo que se sienta inseguro, indefenso, impotente, vulnerable, con una ansiedad intolerable y a menudo sin recursos para hacerle frente”.

Los seres humanos participamos dentro de un mundo polarizado que permite el discernimiento: algo es bueno con relación a lo malo o viceversa. No es necesario ir demasiado lejos para observarlo, por ejemplo en las películas infantiles (aparte de los mensajes "subliminales" que se encuentran dentro de ellas y también porque no decirlo, la transmisión de valores, encontramos "figuras" de princesas y de brujas, de súper héroes y enemigos, que refuerzan de modo sutil la polaridad.

 

1violenciaenlavidacotidianaEl ser humano como portador de «múltiples energías» suele identificarse con algunas de ellas que colocamos en nuestra «consciencia», aquellas con las que no nos identificamos pero que siguen siendo "parte de nosotros", no desaparecen, sino que van a parar a algún fuera de la conciencia. Digamos que es una parte del «sí mismo» que la conciencia no está dispuesta a aceptar como propia, entonces la relega a la «sombra» o lo proyecta. ¿Dónde? En las personas cercanas o en los acontecimientos.

De modo sencillo, podemos decir que lo proyectado, generalmente, es aquello que desde la conciencia consideramos malo, feo, inútil, enfermizo, etc. Si lo proyectamos fuera, «el otro» es malo. Y esto sin duda nos tranquiliza, porque significa que «nosotros somos buenos».

Varias teorías psicológicas de diversos autores sostienen y coinciden con lo anterior; Laura Gutman, terapeuta familiar argentina, en su libro La familia nace con el primer hijo, capítulo 10, expone: «La violencia se genera a partir del desconocimiento de la totalidad del sí mismo. La violencia aparece cuando mi conciencia cree que hay algo allá afuera que es necesario destruir».

Con lo anterior resultará más sencillo observar entonces, la cotidianidad de algunas formas de violencia con las que nos vamos relacionando sin hacer los cuestionamientos o mejor dicho, los altos necesarios para cambiar determinadas situaciones. Podemos encontrar formas "muy sutiles" de violencia, pero que sin darnos cuenta van ganando terreno haciéndose parte de nuestro actuar cotidiano, por ejemplo cada vez que desacreditamos, despreciamos, nos burlamos, nos desinteresamos, ejercemos nuestro autoritarismo, humillamos, amenazamos, controlamos e ignoramos estamos ejerciendo un tipo de violencia "pasiva", pero muy profunda y perjudicial. Esta "forma" muchas veces resulta imperceptible, porque para llevarla a cabo no se necesita gritar o dar golpes. Aunque en ocasiones todo lo anterior se da en conjunto.

Quiero hacer ahora, especial énfasis cuestionando algunas prácticas que se observan muy a menudo dentro de las familias, esperando que abran los ojos y tomen las riendas del cambio en beneficio de todos.
Imaginemos que su hijo/a tiene por ejemplo 16 años (o quizá menos) y sale con alguien... y observan que "esa persona" cada vez que se ven o que están juntos le dice en tono imperativo "dame un beso", "déjame tu móvil", "ven aquí ahora", "contéstame", "ahora no me hables" "no me molestes", "cállate", "eres tonto/a", y podría seguir con ejemplos, lo que quiero cuestionar es: ¿como padre/madre te gustaría escuchar que otro/a hable de esa manera a tu hijo/a? Seguramente el solo hecho de pensarlo a cualquier madre/padre los rebasaría y harían lo que fuera para frenarlo y ahora la pregunta es: ¿acaso y de casualidad no te diriges de esa forma a tu hijo/a con frecuencia? Eso no es educar, es violentar. ¿Qué herramientas estamos dando para que el día de mañana pongan límites y gestionen de buena manera sus relaciones interpersonales?

Los/las niños/niñas “absorben” este tipo de situaciones constantes y cotidianas, normalizándolas, permitiéndolas y haciéndolas parte de su vida. En este punto debemos ser críticos y observar que, muchas veces sin darnos cuenta actuamos constantemente de esa manera pero, si por el contrario, hacemos “uso” de ciertas frases más funcionales dependiendo el momento y el contexto para poner límites sería distinto.

Se trata de ir integrando, dejar de polarizar (castigos severos - ignorar). Los/las niños/niñas que “van por libre” y haciendo lo que les apetece, es otra “forma” de violencia, en donde al no poner límites se abandonan las funciones que padres y madres deben ejercer.

Ser padre o madre no es tarea fácil, la buena noticia es que se puede contar con profesionales (psicoterapeutas) dedicados a trabajar con parejas y familias para dar solución a este u otro tipo de situaciones que afectan la salud mental de todos/as.

Invito a observar y cuestionar. La frase “déjame” tu móvil, se escucha más de los hijos hacia los padres/madres, aunque también, existen casos en que éstos últimos dan “este medio” a sus hijos/as sin tener edad para ello lo primero, ya que no son conscientes del peligro que les puede acarrear su uso, la edad legal (en España) para el uso de las redes sociales es de 16 años; segundo cuando los/las padres/madres se los facilitan, se convierten en “perseguidores”, bajo la justificación de que “están al pendiente”. ¿Es necesario y justificable? Debemos observar esto.
Retomando, cuando niños/niñas piden el móvil a su padre/madre o aún peor, cuando se les deja “libremente”, debemos ser cuidadosos y responder a lo siguiente: ¿En qué momento les dejamos el móvil/celular? ¿Cuándo queremos quitarnos de “encima” a nuestros hijos/hijas”? ¿Para que no estén molestando? ¿Para que coman? ¿Qué mensajes se estarán transmitiendo haciendo lo anterior?
Resulta importantísimo detener “el ímpetu” por “enchufar” a nuestros hijos/hijas. Es indispensable la supervisión de los padres cuando usen internet. El ordenador, siempre a la vista. Si se les permite que tengan acceso a un aparato PERSONAL (de papá o mamá) que sirve para comunicarse, para trabajar y otras muchas cosas, el día de mañana les será complicado “comprender” que el móvil/celular NO se debe dejar a sus amigos/as y/o a su pareja. No tenemos claro el alcance que esto puede llegar a tener. Si desde edades tempranas se les permite que “jueguen”, que lean las conversaciones, que vean videos y se les enseña a desbloquearlo o se les facilitan las contraseñas, ¿Cómo se pretende que puedan defender parte de su intimidad? Luego, no será “raro” encontrar casos, en donde los/las chicos/chicas tengan problemas con sus respectivas parejas porque piensan que “revisar” el móvil/celular sea algo “normal”. A esto perfectamente se pueden ir añadiendo los “tonos o modos de decir las cosas”, hasta que, tenemos enfrente una situación violenta de la que probablemente será complicado salir.

Otro ejemplo muy habitual sería cuando papá/mamá tienen “un mal día” en el trabajo, llegan a casa y lo descargan con su esposa/marido e hijos/hijas, cuando de pronto los/las niños/niñas están jugando y hacen mucho ruido, se reclama por eso a la pareja, la pareja se frustra y también lo descarga de alguna otra forma. Se genera un ambiente tenso, se van a la cama enfadados, o por la mañana ocurre “algo” que desestabiliza al/ a la padre/madre, lo depositan nuevamente en los/las pequeños/pequeñas, llegan al cole y ¿qué pasa? Pues que muy probablemente se genere un conflicto entre pares, llegan a casa cuentan que el/la profe les ha reñido y el círculo da otra vuelta….Un ejemplo más podría ser: ¿Cómo se relacionan papá y mamá? ¿Se permiten los manotazos o ciertas expresiones corporales a modo de “juegos”? Estas situaciones como muchas otras, sirven para reflejar las formas más sutiles en que la violencia se comienza a normalizar.

Si no nos responsabilizamos, cuestionamos y entendemos ciertas pautas de relación violentas que establecemos día a día, será complicado frenarla. Estamos acostumbrados a “pedir” al/ a la otro/otra, y ¿cuánto damos? Esta es un invitación para que comencemos a observar lo anterior, a comprender que es muy diferente decir a nuestros/nuestras hijos/hijas “dame un beso” (de modo imperativo) a cambiarlo por “que tengas un buen día hijo/hija, te voy a DAR un beso antes de que entres al cole o vayas a…. O por otro lado, si tu hijo/hija se aleja porque está jugando, te “reto” a que cambies y, en lugar de llamarle gritándole para que vaya, acércate y háblale, no cuesta trabajo, solo te tienes que desplazar.

Una invitación a cambiar nuestros “modos” de hablar y las palabras que empleamos con los demás, no sólo dentro de casa, a dar lo que esté en nuestras manos antes que exigir, a evitar los gritos, las amenazas y la burla, a ofrecer tiempo de calidad para nuestros/nuestras hijos/hijas, a comprender que hay cosas personales que no se pueden compartir, a enseñar con nuestro ejemplo.

Es imprescindible percibir la dinámica específica de los circuitos de violencia, detectarla en primera instancia, afinar y comprender que cada individuo participa desde el sufrimiento y la incomprensión del sí mismo. Sólo dentro del entendimiento global, será posible que la intervención sea realmente efectiva.

 

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta individual, de pareja y familiar.

 

 

 

Padres y madres que tienen diversos modos de actuar, de educar, de ser frente a sus hijos. El presente artículo no tiene como objetivo “encasillar” o “catalogar” a padres y madres, no se plantea una “columna de aspectos negativos y la otra de aspectos positivos”, sino que, persigue plantear algunas acciones que realizan con regularidad padres y madres, para que siendo sinceros sean capaces de identificarlas, y posteriormente realizar las modificaciones encaminadas a mejorar hábitos, conductas, actitudes y costumbres a favor de una mejor crianza y forma de relación entre hijos/as y padres/madres.

padres y madres que

Ofrecen a sus hijos/as entre comidas, “un puñadito” de frutos secos (almendras, nueces naturales) fruta, agua.

Ofrecen a sus hijos/as entre comidas, paquetes de comida que se consigue fácilmente en la “esquina”: papas, golosinas, refrescos, etc.

Cuando sus hijos/as se caen o comenten algún error, los padres/madres explican, hablan con ellos/as, reflexionan y buscan en conjunto formas de “reparar el daño”, validan sentimientos.

Cuando sus hijos/as se caen o comenten algún error, padres/madres gritan, castigan, pegan, llaman la atención enfrente de todos, establecen consecuencias desde el enfado.

Explican y enseñan a sus hijos/as que es lo que pueden   hacer de acuerdo a su edad (responsabilidades)

Utilizan el “trueque sentimental”: Si te portas bien, te prometo x.

Cumplen “promesas”, acordes en tiempo y edad de los/las menores. No es lo mismo decirle a un/a niño/a de 3 años un día lunes: “te prometo que te llevaré al parque este fin de semana” cuando, a esa edad no tienen “noción del tiempo”, a decírselo  a un/a menor de 10 años por ejemplo.

La convivencia  está supeditada a las notas en el colegio, o al buen o mal comportamiento que tengan.

Los “regalos” los dan padres y madres en fechas establecidas: cumpleaños, navidades, evento especiales, son sencillos, útiles y previamente anhelados por los/las hijos/as.

Los “regalos materiales” están o no vinculados a las buenas notas que saca en el cole, o al buen comportamiento. “Si sacas 10 te compro x, si sacas malas calificaciones no te compro nada”.

Cuando se pelean entre hermanos, los separan tranquilamente y buscan la manera  que, como hermanos traten de solucionar el conflicto, que negocien (dependiendo las edades).

Cuando se pelean entre hermanos/as los reprenden severamente, gritando y pegándoles.

Cuando salen a pasear con sus hijos/as los fines de semana, están más pendientes del móvil/celular que de sus chicos/as.

Cuando salen a pasear con sus hijos/as “se desconectan” del móvil/celular y son capaces de disfrutar el paseo, tienen una exquisita convivencia.

Comen con el móvil/celular o la televisión enfrente, atendiendo más “otros asuntos”, en lugar de entablar una conversación en familia.

Son capaces de apartar el móvil/celular de la mesa a la hora de desayunar, comer y cenar, para conversar en familia.

Antes de acostarse se quedan revisando el móvil/celular y lo colocan a su lado, en la “mesilla de noche”, muy cerca de la almohada.

Dan el beso de buenas noches al móvil/celular.

Antes de acostarse son capaces de dejar el móvil/celular en el salón/ o sala u otro sitio fuera de su habitación.

Dan el beso de buenas noches a sus hijos/as.

Cuando tienen ya 6 años o mayores, continúan cargando la mochila de sus hijos/as, les ponen el lunch/almuerzo en la mochila, les preparan el uniforme y los visten.

Acompañan a sus hijos al colegio, les van enseñando paulatinamente desde muy pequeños, la importancia de la responsabilidad, en sus cosas y tareas dentro y fuera de casa.

Cuando se caen “rectifican” el daño que se han hecho y si es algo ligero, esperan a que ellos/ellas se levanten solos/as, si lloran validan sus emociones y los tranquilizan.

Cuando se caen, van corriendo enseguida a levantarlos o por el contrario los regañan, no permiten la expresión de sentimientos, si lloran está mal y eso los enfada.

Cuando hacen “alguna travesura” o merecen “algún tipo de sanción”, castigan y suelen imponerlo inmediatamente, desde el enojo, y en ocasiones, no se cumplen del todo.

Cuando hacen “alguna travesura”, piensan en la consecuencia que les ayudará en verdad a comprender y reparar el daño que causaron. Evitan imponer inmediatamente.

Saludan a los demás, dan los buenos días, dicen por favor y gracias.

Rara vez saludan, dicen por favor y gracias.

Prestan atención a lo que dicen sus hijos/as, a sus  juegos y dibujos, pueden detectar fácilmente un cambio drástico o distinto en ellos/as. Conocen a sus amistades. Saben lo que les gusta y dialogan con ellos/as

Conocen poco a sus hijos/as, no tienen claro cómo van cambiando sus gustos e intereses, están poco alertas. No saben con quién se relacionan.

Generalmente, los sobrecargan de actividades extraescolares o por la tarde están instalados frente al televisor u otros medios, son rutinarios y monótonos.

Ofrecen alternativas y las actividades son variadas de acuerdo a las posibilidades. Diversifican.

Tienen el hábito de la lectura, se relacionan con gente que aporta cosas positivas, experimentan, buscan alternativas para solucionar problemas, son prevenidos.

Consumen “chatarra” visual y auditiva, se reúnen para criticar, resuelven las situaciones de la misma manera, dejan todo a “última hora”.

Permiten que sus hijos jueguen, se ensucien, les enseñan cosas de la vida y la naturaleza, ríen con ellos/as y pasan tiempo juntos, los abrazan.

Desean que sean “como soldados”, híper- pulcros y obedientes. En casa se escuchan pocas risas, se abrazan poco.

Favorecen la seguridad personal y de pensamiento, reconocen y valoran sus esfuerzos, les enseñan a perdonar con el ejemplo, cuando hablan son escuchados/as, recuerdan vale “equivocarse” y que de ello aprendemos.

Creen que lo que opinen no tiene importancia, sus esfuerzos rara vez son validados, cuando se enfadan tardan mucho tiempo en “contentarse”, cuando se equivocan son castigados.

Promueven que la casa sea un sitio seguro, de contención y pertenencia, la casa la decoran con fotos de momentos de victoria y aprendizaje

Incitan a que estén fuera de casa, valoran más las cosas “externas”, la decoración de la casa es siempre la misma.

Saben respirar y estar tranquilos.

Van acelerados, corriendo.

 

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta individual, de pareja y familiar.

 

 

 

“La violencia contra la mujer en las relaciones de pareja es considerada como un problema de salud pública”. (European Union Agency for Fundamental Rights, 2014; Organización Mundial de la Salud, 2013).

Se entiende por violencia a la acción ejercida por una o varias personas en donde se somete de manera intencional al maltrato, presión, sufrimiento, manipulación u otra acción que atente contra la integridad tanto física como psicológica y moral de cualquier persona o grupo de personas.

¿Cómo podríamos “detectar” a una persona potencialmente violenta? ¿Qué características, rasgos y/o conductas pueden estar presentes?


Para adentrarnos en ello, resulta conveniente comenzar por explorar su “historia personal”, esto se refiere a: familia de origen, cultura, educación y ambiente de desarrollo. Aunado a lo anterior, será preciso observar y saber qué patrones ha aprendido y mantenido hasta ahora para hacer frente, resolver problemas y conflictos.

Cuando decidimos compartir nuestra vida con alguien más, es decir, comenzar nuestra vida en pareja, resulta muy común que pasemos por alto algunos hechos que pensamos que “con el tiempo se extinguirán”. La realidad es que existe un sinfín de factores que llevan a las personas a emparejarse.


En algunos casos, la creación de la pareja se desarrolla bajo el encanto del enamoramiento, durante el noviazgo muchos/as “dan su mejor cara” en diversos sentidos; existe armonía, buena convivencia, interés por el otro, respeto, tiempo de ocio y diversión en conjunto, entre otras cosas “mágicas” que, con el tiempo se modifican y cambian. Aquella pareja que logra adaptarse a los cambios (que son necesarios que ocurran), comunicarse de forma directa y efectiva, ser creativa, ser flexible, y generar nuevos acuerdos, por mencionar algunas situaciones básicas durante el desarrollo de la pareja, tendrá un mejor diagnóstico para seguir adelante. Pero, ¿qué ocurre si desde el inicio mi pareja manifiesta conductas que me desagradan o me hacen sentir incómodo/a?

Como por ejemplo, excesos en: el gusto por el juego, consumo de alcohol, “ir de fiesta”, llevar a cabo conductas temerarias, etc. Cualquier “cosa” o “aspecto social” que suponga para mi pareja una verdadera dificultad “dejarlo”, que lo manifieste implícta o explícitamente y que tras “esas prácticas” su conducta cambie de manera visible, estamos frente a una situación que, como pareja será complicado “hacer que lo cambie o lo deje”, sencillamente porque esa NO es nuestra tarea. Este y otro tipo de manifestaciones están presentes en el noviazgo, pero como estamos bajo el encanto, resulta fácil creer que cambiarán mágicamente de un momento a otro o por alguna otra situación (la llegada de los hijos/as, por ejemplo). Posiblemente continuamos ahí por este tipo de creencias, pero más allá, permanecemos porque en nuestra historia existe algo que “aprendimos”, que normalizamos y que aceptamos, nos resulta familiar, por lo tanto conocido y “seguro”.

La violencia no se puede comprender como un hecho aislado y ni de una sola causa, existen efectivamente, aspectos constitutivos, familiares y sociales que se mezclan y que se ponen en juego a lo largo de nuestro desarrollo a través de los vínculos, los aprendizajes y las influencias que recibimos.

La conformación de la pareja, la violencia, la compresión de nuestra propia historia son temas sumamente amplios que no se pueden generalizar. Ya que, cada uno de ellos se ha desarrollado en determinados momentos y bajo circunstancias distintas. Digamos entonces que, para efectos prácticos viene bien hacer un breve alto y comenzar a cuestionarnos sobre elementos básicos que nos ayudarán a iniciar nuestra comprensión y así poder movernos.

Propongo responder y analizar los siguientes puntos:

  • ¿Viste a tus padres en situación de disputa/conflicto?
  • ¿Con qué frecuencia?
  • ¿Lo resolvían, lo manejaban? ¿Cómo?
  • ¿Quién se permitía/podía y quién no estar enojado/a en tu familia?
  • ¿Qué has aprendido sobre el enojo? (Enojo de los/las demás, el tuyo).
  • ¿Has visto que alguna persona ha herido significativamente a otro/a cuando estaba enojado/a?
  • Cuándo tu padre/madre se enojaban contigo ¿Qué hacías? ¿Qué sentías? ¿Qué hacía tu padre/madre?
  • ¿Tienes claro el concepto de violencia?
  • ¿Dónde comienza para ti la violencia?
  • ¿Reconoces o identificas situaciones violentas a las que has estado expuesto/a?
  • ¿Conoces un poco la familia de origen de tu pareja?
  • ¿Qué aspectos conoces de él/ella, de su familia de origen y de su entorno?

Las preguntas anteriores no pretenden ser “una guía exclusiva” que ayude por arte de magia a identificar o frenar la violencia. Existen diversos y estandarizados tests que favorecen el “autodiagnóstico personal y familiar”, sin embargo, desde mi punto de vista profesional, este tipo de herramientas carecen de sentido si no se utilizan dentro del contexto adecuado, como lo es la psicoterapia.

perfil psicologico

Para conocer el “perfil” psicológico del maltratador podemos consultar diversas fuentes bibliográficas confiables y veremos que, efectivamente compartirán rasgos, como por ejemplo: Inseguridad que enmascaran con gritos, amenazas o con una “excesiva” amabilidad, impulsividad, poco tolerantes a los fracasos, la fuerza es valorada, poca gestión de sus emociones, sentimientos contradictorios, dependientes, le temen al abandono, entre otros. Más allá de “ir marcando” si mi pareja tiene o no esas “características”, lo que resulta verdaderamente útil para poder identificar la violencia y comenzar a movernos, es necesario estar conscientes de los puntos anteriores, ser capaces de analizar la propia historia, y la de mi pareja, de recordar cómo nos conformamos tomando en cuenta algunos aspectos: ¿qué edad teníamos?, ¿qué situación había en mi familia de origen?, ¿cuáles expectativas implícitas y explícitas estaban presentes?, ¿se inició nuestra vida “en pareja” por un embarazo? La lista de puntos a considerar es extensa, lo necesaria para “entretenernos” bastante para poner manos a la obra y salir del torbellino de la violencia.

Si te encuentras o sabes de alguien que está en un punto en el que te/se percata/s que tu/su vida “no te/le pertenece” por distintas situaciones, cuidado, debes moverte ya y buscar ayuda profesional.

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta individual, familiar y de pareja.

 

UNA LLAMADA DE DESPEDIDA

una llamada de despedida
Este artículo pretende acompañar y dotar de fortaleza interna a las personas para que puedan “utilizar” sus recursos personales y, saber qué hacer cuando desgraciadamente, reciben una llamada devastadora porque un ser amado ha fallecido.


Muchos y variados son los motivos que “nos trajeron” a España. Trabajo, estudios, pareja, buscar una mejor calidad de vida, etc. Uno o varios de los anteriores, el caso es que estamos aquí, viviendo, haciendo cosas, logrando objetivos, en fin. Estamos acá, lejos de nuestra familia de origen. Hablamos con nuestro padre, nuestra madre, hermanos, hermanas, tíos, tías, primos, primas, amigos, amigas, personas muy allegadas.
Compartimos y nos vamos enterando de distintas cosas a distancia. Bajo un matiz de “normalidad”, en donde de alguna u otra manera “todo ocurre como siempre”, y donde se va maquillando muy bien la lejanía.


Pero ocurre que, un día recibimos una llamada. Llamada telefónica de urgencia que provoca un estado de confusión, incredulidad, tristeza, shock. Nos informan que nuestro padre, nuestra madre, un familiar o un amigo muy cercano se encuentra gravemente enfermo(a), ha sufrido un accidente o ha fallecido. Todo se detiene, no comprendemos qué pasa, cómo o cuándo sucedió. Quisiéramos estar ahí físicamente lo más pronto posible, detener el tiempo e incluso regresarlo. La realidad nos supera, estamos lejos. Posiblemente esa llamada la recibimos llevando a nuestros(as) hijos(as al colegio, desayunando, dormidos(as) o trabajando. Sea donde haya sido no es ni el tiempo, ni el lugar y mucho menos la situación adecuada. ¿Qué podemos hacer?


Saber esto a distancia es muy doloroso, cada persona experimenta y siente de manera distinta. Si eres tú quien recibe la noticia, estés donde estés y haciendo lo que estés haciendo primero, detente en un lugar seguro, respira y comunícate con familiares que tengas aquí o amigos(as) cercanas para que ellos(as) te brinden el primer soporte y ayuda, cuéntales lo que te ocurre para que sean tu red de apoyo, ya que obviamente querrás agilizar tu partida. Vendrá bien tener en cuenta lo siguiente, considerando que se trata de una noticia súbita, es importante estar “preparados” en todo momento y anticipar nuestro actuar, por ello estos puntos pueden resultar útiles ante estas situaciones.

  • Destina una cantidad de dinero a la que puedas acceder fácilmente que te permita comprar “de último momento” el billete de avión. (esa cantidad no se toca)
  • Guarda páginas de aerolíneas confiables, seguras y a las que puedas acceder rápidamente.
  • Comunícate con aquellas personas que te puedan ayudar en caso de emergencia y delega responsabilidades familiares, es decir, si tienes hijos(as) y por estas cuestiones no pueden viajar, encomienda las cosas básicas.
  • Infórmate de manera efectiva sobre las condiciones laborales que “pone en marcha” la empresa si se presenta esta situación. Uno de tus derechos como trabajador es conocer y saber si la empresa contempla que te ausentes algunos días por estos motivos y, por otro lado, infórmate cómo se debe llevar a cabo el proceso de notificación. Quizá tengas que valorar la situación entre elegir y seguir al pie de la letra los trámites burocráticos que dicta la empresa o salir de inmediato haciéndote cargo de las consecuencias posteriores, que al final, habrá tiempo de sobra para “arreglarlo”.
  • En el aeropuerto, si nadie puede estar contigo, asegúrate de llevar una pila externa cargada, para que puedas estar en contacto con aquella persona que te brinda soporte emocional.
  • Durante el viaje, piensa, respira y recuerda momentos gratos. Posiblemente las horas te parezcan años, los demás los consideres indiferentes y fríos, recuerda, el dolor es personal, acéptalo y reconócelo en ti.
  • Recuerda que el tiempo está pasando y los plazos están llegando, posiblemente cuando llegues tendrás que ir directamente al velatorio, crematorio o al sepelio. Podrá pasar por tu mente “que no te despediste”, no te lo reproches con el paso de los días, es difícil que se dé “una situación idónea para despedirse”, es más una carga social aprendida que estorba mucho.
  • Considera que, de alguna u otra manera, al vivir el duelo en lejanía es vivir un “doble duelo”. La lejanía nos hace sentir aislados, separados, profundamente tristes, abandonados y deseamos haber estado cerca en el momento del deceso para decir cosas que se quedaron “pendientes”, a todo esto se añade la sorpresa de la noticia, para después “pasar” por el duelo por muerte.
  • Cuando nuestros seres queridos mueren, dejamos de verlos físicamente, pero permanecen en nosotros(as) sus enseñanzas, los momentos compartidos, las pláticas. Permanece en nosotros parte de su vida y de su historia. No “se van”, no “nos dejan”. Las personas mueren como parte del proceso natural de la vida. La relación que tuvimos, permanece en nosotros(as) para poder agradecer, honrar, perdonar, comprender y transformar para después, aprender a soltar.
  • Concéntrate, piensa e invoca para tu ser querido que: está ahora en las mejores circunstancias de amor, felicidad, compañía, plenitud. Puedes despedirte diciendo “te amé, gracias por lo que me diste en vida, seguiré mi camino”.


Quizá esté ya muy trillado el dicho de “vive cada día como si fuera el último”, trillado o no, viene bien aprender a despedirse cada día, viene bien aprender a cerrar ciclos para que otros se abran y agradecer por ello, viene bien estar realmente en paz con los demás cada día.


Si alguien “te elige” para ser parte de esa “red de apoyo” en momentos difíciles, agradécelo, eso es un privilegio. Ayuda, gestiona, contacta, investiga. Ofrece tu apoyo haciendo y resolviendo, que una persona en duelo carece de energía. Si te “sobrepasa” ayudar en estas situaciones es muy válido comunicar que “te encuentras indispuesto”, haciendo esto ayudas realmente más que brindando una “pseudo-ayuda”. No te preocupes, seguro habrá alguien más que lo pueda hacer. Recuerda que, cada persona siente y experimenta de manera distinta.

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta individual, familiar y de pareja.

 

 

LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS HABLAN …. CUANDO LES DEJAMOS
Y SALUDAN CUANDO …. ¿LES OBLIGAMOS?

Resulta curioso observar muy a menudo el fenómeno de: “cuando preguntan algo a niñas y niños los padres responden por ellas y ellos”. Ahora me explico a detalle.


Es muy común que en reuniones madres y padres compartan con familiares y/o amigos/amigas todo lo que sus hijos hacen, dicen, sienten, etc. Luego cuando éstos últimos les saludan, preguntan ¿qué tal?, se quedan mudos/mudas. ¿Pues qué pueden contar a los demás si todo lo dicen sus padres/madres? No sólo en conversaciones presenciales digamos, también “bombardeando” a la familia y/o amigos a través de diversos medios y redes sociales.


El respeto, es la consideración de que algo/alguien es digno y debe ser tolerado. Desde esta base es bueno saber que niñas y niños se saben expresar, sin meterme en detalles de edades y de género, usualmente cuando les preguntamos de manera general sobre un tema que les interese y entusiasme, ellas y ellos por sí mismos/as contestarán. Por el contrario si nuestro interés de que nos cuenten cosas es tipo cuestionario puede, en la mayoría de los casos, tener el efecto contrario al que queremos. Esto es útil saberlo sea cuál sea el rol en el que estemos (madre, padre, tía, tío, amiga, amigo, etc). Si te interesa que dialoguen, facilita la comunicación, no los interrogatorios, deja que lo hagan libremente, cuando lo deseen.


Como madres/padres es totalmente válido “informar” a nuestros familiares y amigos/amigas la manera y los momentos en que ellos/ellas se sienten cómodos/cómodas para hablar. Para poder hacer lo anterior, resulta claro que debemos conocerlos/las bien y respetarlos/las. Si los adultos lo vamos haciendo y ven que es algo natural, ellos/ellas crecerán con la confianza para que más adelante lo puedan expresar de manera espontánea y educada.


Pongo ahora un ejemplo:


Un familiar/amistad de los padres llega a casa y ve a …. , entonces empieza “la conversación”. Hola …… ¿qué tal?, ¿y el cole?, ¿cómo llevas las calificaciones?, ¿y las clases de…..?, ¿qué tal cuando fuiste a?, ¿y las amigas y los amigos?, etc. De sólo leerlo ¿no les resulta abrumador? Pues a algunos/algunas niños/niñas les ocurre lo mismo. Diferente sería llegar y saludar a los adultos y luego dirigirnos a los/las menores, detenernos un momento o el tiempo que necesitemos en la conversación entre los adultos y, les aseguro que si los/las chicos/chicas están interesados en contar algo, lo harán. Esto no tiene nada que ver con el vínculo familiar o no, cercano o lejano que se tenga con los/las niños/niñas, ya que lo mismo puede ocurrir con la persona más cercana a la familia, si ellos/ellas perciben o se sienten abrumados automáticamente dejarán de hablar. No tendría nada de malo ni de “maleducado” si nuestro/nuestra hijo/hija, al sentirse “agobiado/agobiada” volteara y dijera de manera cordial a ….. “mira, ahora no me apetece hablar”. Cuidado, que no me refiero en ningún momento a que si no le apetece hablar, voltee la cara, haga muecas, o suelte directamente un “no te importa”, eso sí sería inapropiado.


Como madres y padres, debemos educar bajo el respeto y también respetar nosotros. No tenemos porqué obligarlos a hablar, a dar besos y/o abrazos cuando no lo quieren, no lo sienten o simplemente no les gusta. No hay cosa más incómoda para niños y niñas que “tener que darle un beso a ……” si no le apetece. Muchos/as niños/niñas en mi consulta me cuentan que “no me gusta darle besos a ….. por qué se maquilla demasiado, le huele la boca, no huele bien, u otro tipo de argumentos. Padres y madres, debemos estar alertas a ello, posiblemente ese “rechazo a saludar de beso a alguien” esté indicando que nuestro/nuestra hijo/hija haya tenido una experiencia poco grata con alguien y/o algo. O puede que no y que sencillamente, como persona que es no le agrade repartir besos en todo momento. Como adultos lo arreglaríamos fácilmente con una mano extendida para saludar sin problemas. ¿Por qué los/las niños/niñas no pueden hacer lo mismo? Se nos olvida que por ahí quizá, en algún momento de nuestra vida, cuando éramos niños/niñas nos “enojaba” tener que saludar de beso a alguien. Es triste y muy alarmante, que no tengan la confianza de decirlo en casa porque mamá o papá se enfadarán. Muy importante, si los/las obligamos a ello, ¿qué herramientas les estamos dando para que el día de mañana se defiendan, si un extraño les pide un beso o un abrazo con intenciones de abuso? Resulta en verdad básico comprender que, sea quien sea, si a nuestro/nuestra hijo/hija no le apetece saludar de beso y abrazo, no les obliguemos.


Es totalmente incongruente y dañino que les “tapemos la boca” hablando por ellos/ellas mientras que, por otro lado los/las expongamos a dar besos y abrazos. Los/las menores saben hablar y saludar y lo hacen cuando se sienten cómodos/cómodas para ello.


Para finalizar, respetemos a nuestros/as hijos/hijas, su cuerpo, y sus sentimientos. Eduquemos en valores para que respeten a sus familiares, amigos/amigas y sean cordiales. Dedica tiempo, atención, cuidado y amor.

 

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta individual, familiar y de pareja.

 

 

 

abuLas “funciones” que desempeñan en la actualidad, pueden ser sencillas, complejas, amplias y variadas. Lo “sencillo” es cuando la familia nuclear los visita; van a comer, a pasear algún fin de semana o día festivo, esto es posible porque padres y madres tienen horarios compatibles con la vida laboral y familiar. Adultos mayores viven en casa solos, en pareja, con la familia o en alguna residencia; hacen y organizan su vida en función de su entorno social, sus habilidades y capacidades.


Existe otro grupo importante de abuelos y abuelas que están viviendo una segunda paternidad/maternidad por necesidad de apoyar y ayudar a sus hijos/hijas, ya que en algunos casos los horarios laborales no coinciden con el escolar, entonces son los/las encargados/encargadas de llevar y recoger del cole a los/las nietas, darles de comer, llevarlos/llevarlas a sus actividades extraescolares, etc. Cuando esto ocurre así, debemos valorar y comprender los esfuerzos que hacen, dialogar frecuentemente para establecer con claridad cómo se brinda este apoyo y delimitar bien “las funciones”, que los/las abuelos/abuelas llevarán a cabo.


Hay una cosa que debemos mirar con lupa, ya que hay un buen número de padres/madres que depositan toda la responsabilidad en los/las abuelos/abuelas incumpliendo con su paternidad/maternidad, cuando esto ocurre nos enfrentamos al abandono parental. Juan Luis Linares en su libro “Del abuso y otros desmanes” explica las bases relacionales del maltrato. “Ambos progenitores comparten el equívoco de que las necesidades relacionales son satisfechas fundamentalmente por el otro”. Aunque este apartado se refiere particularmente cuando hijos/hijas son “invisibles” para sus padres y los dejan a su suerte, sirve muy bien para ilustrar las complejidades relacionales que se pueden entretejer cuando poco a poco se van delegando diversas responsabilidades que corresponden sólo a los/las padres/madres. Los/las abuelos/abuelas cobran fuerza y los/las padres/madres se debilitan, se crean coaliciones poco funcionales para los sistemas familiares; observándose cosas “simples” como por ejemplo, cuando la madre da una indicación no es escuchada y menos atendida, esto va subiendo de tono en muchos aspectos. Cuando quieren retomar su rol, puede en algunos casos, ser demasiado tarde para resolverlo por vía directa y se requiere apoyo profesional. Es importante comprender que, los/las abuelos/abuelas pueden ser de apoyo, ellos ya vivieron su paternidad/maternidad y lo hicieron como mejor pudieron, bajo las circunstancias de aquellos tiempos, ya no les toca hacerlo por segunda vez.


A lo largo de mi práctica profesional como psicoterapeuta he trabajado con las familias para definir y marcar mejor ciertos límites, ya que se va difuminando una línea muy delgada y confusa entre “brindar apoyo” y “adjudicarse roles que no corresponden”. ¿Qué podemos entonces hacer para delimitar efectivamente el rol que nos corresponde? Primero y antes que nada comprender que, cuando una pareja decide tener hijos tendrán que dialogar sobre la educación que darán a éstos/éstas, tienen que destinar tiempo en determinar “lo que importarán de sus familias de origen” (porque lo consideran funcional, agradable y ambos lo comparten) y lo que “crearán como nueva célula” (aquello que quieran formar, implementar y/o innovar que les funcione como pareja y como padres). En segundo punto, si sobre la marcha requieren del apoyo de sus padres/madres, por tiempos prolongados, resulta benéfico hablar y establecer “que sí y que no”. Por ahí existe un dicho: “los/las padres/madres están para educar y los/las abuelos/abuelas para maleducar”, esto no tiene porqué ser así, no está mal que los/las abuelos/abuelas consientan pero no deben sobrepasarse.


En la tarea de establecer “que sí y que no”, partimos de algunas reglas del juego, o lo que es lo mismo, “partes” de educación. Por ejemplo: la alimentación, si el/la menor tiene que comer en casa de los/las abuelos/abuelas lo más adecuado sería que fuera sana y equilibrada al igual que en su casa. Los/las abuelos/abuelas no tienen por qué llenar de caramelos, helados y golosinas a los/las nietas/nietos. Tiempo de ocio, lo conveniente es que no se abuse de la televisión, video juegos, tabletas y demás medios tecnológicos, en ninguno de los ambientes. El aseo, si padres/madres acompañan y forman a sus hijos/hijas para que cada vez sean más autónomos, cuando han adquirido el control de esfínteres serán capaces de arreglárselas por si mismos/mismas. Responsabilidades, es totalmente válido que las tengan en ambos escenarios, que lo que hacen habitualmente en casa lo hagan en casa de los/las abuelos/abuelas (ayudar a poner la mesa, recoger sus platos sucios y llevarlos a la cocina, limpiar y guardar, etc). La tarea/deberes; padres, madres, abuelas y abuelos deben lograr que la realización de éstos sea cosa de los/las menores. Una cosa es supervisar cuando han finalizado y otra muy distinta es “hacer la tarea o los deberes con ellos/ellas”. Tiempo de convivencia, resulta hacer un alto importante sobre este punto y es que niños y niñas de distintas edades y de distintas clases sociales demandan lo mismo, TIEMPO DE CONVIVENCIA CON SUS PADRES/MADRES. Si este se ve mermado por el trabajo, es imprescindible buscar actividades en familia los fines de semana. Lo que compete a los/las abuelos/abuelas es respetar este tiempo entre sus hijos/hijas y sus nietos/nietas. Si ellos/ellas tienen la fortuna de pasar las tardes con estos últimos, entonces los siguientes “tips” pueden resultarles muy útiles y sencillos y es que, los/las abuelos/abuelas enseñen lo mejor que saben hacer.

Todo nieto/nieta seguro que tendrá un/una abuelo/abuela que sepa: pintar, cocinar, tejer, coser, de mecánica, de naturaleza, bordar, repostería, en fin algunas cosas que pareciera que están obsoletas, cuando es todo lo contrario. Si abuelos/abuelas se dedicasen a enseñar “cosas que dominan” no sólo están ayudando a que sus nietos/nietas estén desarrollando nuevas competencias, sino que además están activos mentalmente, tienen la posibilidad de compartir sus experiencias, por otro lado debemos plantearnos que para los/las adultos mayores es importante buscar “nuevos retos” para aumentar su nivel cognitivo, lo recomendable es llevar a cabo cosas que salgan de la rutina, pueden perfectamente aprender también de los nietos/nietas. Pueden realizar actividades de sencillas a complejas, por ejemplo: si el/la abuelo/abuela tiene dificultades de vista y ya no puede leer como antes, entonces nietos/nietas podrán leerles cuentos o cosas de interés para los adultos mayores, haciendo esto, nietos/nietas aprenden también. Actividades más complejas y que los ayuden a salir de la rutina, por ejemplo serían juegos de mesa que desarrollen la creatividad, búsqueda de soluciones, retos matemáticos, enigmas, abstracciones, etc. Los objetivos para abuelos/abuelas y nietos/nietas son, mantenerse activos, estar en constante aprendizaje, compartir cosas alternativas. Todo esto, sin duda resulta más productivo que estar con un móvil, tableta o frente al televisor consumiendo telediarios u otro tipo de programas poco aptos para menores o que estén desorientados por tantos juguetes alrededor de ellos/ellas y comiendo caramelos “en lo que papá y/o mamá llegan por ellos/ellas”.


Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta individual, familiar y de pareja.

 

 

CRISIS
¿QUÉ ES? ¿CUÁNDO SE PUEDE PRESENTAR? ¿CÓMO PUEDO SALIR DE ELLA?

Ciertas crisis son experiencias normales en la vida, como por ejemplo: “la crisis en la adolescencia”, “la crisis ante una pérdida”, etc. Se pueden ver como oportunidades de aprendizaje y crecimiento, aunque cuando estamos inmersos en ellas es complicado observar la parte positiva que dejan, pues esta será visible una vez que la pasemos. Unas son más intensas que otras y tienen distintos factores que las desencadenan. El estrés que libera la crisis puede ser por un acontecimiento externo o interno. Puede ser un solo hecho catastrófico o una acumulación de acontecimientos “menos” graves pero por tiempo prolongado.

Las situaciones que intensificarán de manera desmedida las crisis y repercutirán de modo intenso en aspectos físicos y psicológicos de las personas, por ejemplo son: catástrofes naturales o provocadas por el hombre, como: la violencia, (es una acción ejercida por una o varias personas en donde se somete de manera intencional al maltrato, presión, sufrimiento, manipulación u otra acción que atente contra la integridad tanto física como psicológica y moral de cualquier persona o grupo de personas) guerras, asaltos, secuestros, torturas y/o asesinatos, otras situaciones pueden ser: pérdidas inesperadas de seres queridos, accidentes, etc.

Cuando una persona se encuentra en crisis tiene un estado temporal de desorganización, sensación de inseguridad, vulnerabilidad y desconfianza, caracterizado principalmente, por la incapacidad para abordar situaciones particulares utilizando métodos previamente conocidos y acostumbrados para la solución de problemas.

Las crisis intensas pueden presentarse cuando nuestro medio cambia drásticamente, ocurren cosas inesperadas, agresivas y/o violentas por parte de las personas que nos rodean y/o en nuestro entorno.

¿Cómo podrá responder una persona a un proceso precipitante para posteriormente convertirse o no en una experiencia de crisis? Dependerá de sus recursos naturales, personales y sociales. El significado de recursos naturales durante una crisis incluye dinero, comida, vivienda y transporte. Un déficit en cualquiera de estas áreas podrá tener el potencial para cambiar moderadamente un suceso estresante a una crisis.
Los recursos personales individuales, componen el segundo factor principal para determinar la intensidad y curso de cualquier crisis. La “fuerza interna”, la historia previa al abordar situaciones estresantes, la existencia de cualquier problema en la actualidad no resuelto y el bienestar físico, todos ellos tomarán parte para determinar si un suceso particular conducirá a una crisis.

Cuando la persona se encuentra en crisis, es importante que detenga por un momento su erupción de pensamientos, haciendo esto podrá poner en marcha ciertos mecanismos que la ayudarán a retomar poco a poco su estado de seguridad, confianza y fuerza.

Es útil observar y cuidar las conductas, nuestros estados afectivos, sintomáticos, interpersonales y cognitivos que tenemos cuando estamos en medio de la crisis, si hacemos algo que pueda poner en peligro nuestra integridad lejos de solucionar el problema lo agravará.

Algunas acciones que podrán ayudar a recobrar poco a poco nuestra seguridad pueden ser:

Guarda como “aa” en tu móvil/celular los teléfonos de emergencias (policía, ambulancia) cuando estamos en crisis es frecuente que olvidemos las cosas más sencillas.
Si experimentas ansiedad, angustia, problemas para respirar o te han lastimado, llama de inmediato a la asistencia sanitaria o acude al hospital más cercano a urgencias.
Si no tienes medios para comunicarte o para desplazarte pide ayuda en algún sitio cercano de confianza.
Dirígete a un sitio seguro (comandancia de policía, casa de algún familiar o amigo/a de confianza).
Comunícate con personas especialistas para que te escuchen y te ayuden.
Es vital que no abandones el proceso de ayuda una vez que lo iniciaste.

Realizado lo anterior, debes de estar alerta y continuar cuidando tus conductas, tus pensamientos y los síntomas que presentes. Durante la crisis podemos reaccionar de mil maneras, algunas de ellas podrán ser poco favorables para nuestra salud e integridad, es por ello que lo más aconsejable es buscar ayuda de inmediato de personas especializadas.
Cuando “todo parece que vuelve a la normalidad”, ten cuidado. Pueden sorprendernos conductas y pensamientos de culpabilidad, miedo, enojo, rabia, indignación y todo esto puede dirigirnos a cometer acciones contraproducentes que pueden desembocar nuevamente al bucle de la desorganización.
Se pueden presentar síntomas importantes como: cansancio, dificultades para conciliar el sueño, constantes pesadillas, falta de apetito, altos y repentinos estados de tristeza o enojo, problemas en los sentidos, mareos, etc. Es por ello que, es vital continuar con el apoyo que brindan los especialistas.

nina crisis

ACCIONES A CONSIDERAR EN CUALQUIER MOMENTO

En tu cartera guarda en un “apartado especial dentro de la misma o en algo que siempre lleves contigo”, una cantidad razonable de dinero que te pueda servir ante alguna problemática.
Recuerda guardar en tu móvil/celular los teléfonos de emergencia, de manera que puedas acceder a ellos de forma rápida.
Ten localizados en todo momento tus documentos personales importantes, y los de tus hijos/hijas, no es necesario que absolutamente todos sepan dónde están.
Invierte tiempo y genera redes de apoyo sólidas y de confianza fuera de tu familia.
Utiliza tus redes de apoyo de familiares y/o de amistades.

La resolución adaptativa de la crisis ofrece, entre otras cosas, una triple oportunidad:

1.- Dominar la situación actual
2.- Elaborar conflictos pasados
3.- Aprender estrategias para el futuro

Ante todo, recuerda que, ante las crisis no estas sola/solo, existen personas especialistas a quien puedes acudir.

 

Vanessa Maillefert Rovira
Psicoterapeuta individual, familiar y de pareja

santa claus

“Nuevas tendencias familiares” anuncian que Santa Claus, el Ratón Pérez o de los Dientes, los Reyes Magos y el Hada de los Dientes, no sólo visitan la casa donde viven los/las niños/niñas, sino que, van dejando regalos en casa de los abuelos paternos, maternos, tíos, etc. Parece que estos personajes están agotados, la demanda es cada vez mayor y no se dan abasto.


El efecto en los/las niños/niñas. Se extingue poco a poco el “efecto sorpresa”, se incrementa el deseo exagerado de querer cada vez más, se fortalece también la creencia que merecen más simplemente porque sí y crecen con una falsa idea sobre el valor de las cosas. Una fecha “mágica” en donde despertarse por la madrugada para encontrar EL regalo anhelado durante meses se va poco a poco perdiendo. Y es que muchos padres argumentan “cuando yo era niño, sólo UN regalo me llegaba, y bueno, ahora que podemos y que mis padres pueden también, pues, ¿qué tiene de malo?”. Definir “que tiene de malo” será tarea de cada familia considerar los efectos que esto puede tener más adelante.


¿Qué hacen los niños con tanto juguete? Me parece que los/las padres/madres un poco observadores saben la respuesta; los juguetes se utilizan por poco tiempo para después acumularse en la torre.


El efecto en los padres. Sin darse cuenta, renuncian a ser ellos “los protagonistas” en estas fechas, y lo más importante a hacerse cargo de ello, es decir, invertir tiempo en “ponerse” el traje de Santa Claus/Papá Noel/Rey Mago/Ratón o Hada y salir a buscar LA tan esperada sorpresa. Padres y madres se están volviendo cada vez más prácticos, delegando estas responsabilidades a otros y no sólo eso, están también perdiendo “su magia”.
Ya no vale ser madre/padre de determinada generación, debemos recordar que, Santa Claus o Papá Noel, Reyes Magos, Ratón o Hada, sólo es uno, visita la casa donde viven los/las niños/niñas o en su defecto el sitio donde “despierte en la mágica madrugada” (hotel, casa rural, casa de algún familiar) y en las fechas puntuales. Dejemos de sobrecargar a estos pobres personajes, volvamos a lo básico, a lo sencillo, a lo mágico.

 

El efecto en los demás familiares. Sin darse cuenta y sin muchas veces quererlo conscientemente, se toman atribuciones que no les corresponden. ¿Quieren regalar? Primero, háblenlo con los padres/madres del/de la menor. Recuerden y respeten, los súper-poderes los tienen los padres. No pasa nada que tíos, tías, abuelos, abuelas, primas y demás familiares quieran regalar y si lo hacen, que sea con orgullo y en su nombre. Algunos “tips” de cosas que pueden obsequiar el 25 de Diciembre, 6 de Enero y cumpleaños son: Libros o ropa que les haga falta o algún juego de mesa creativo o algo que realmente necesite. Observen, las cosas antes sugeridas están separadas por la letra “o”, no por la letra “y”.


Mensaje de Santa Claus / Papá Noel y Los Reyes Magos a los/las padres/madres: “que sus súper-mágicos-poderes, los iluminen el 25 de Diciembre y el 6 de Enero para que aparezcan EL REGALO que realmente desean sus hijos mucho tiempo atrás”.


Mensaje del Ratón de los Dientes / Ratón Pérez / Hada de los Dientes a los/las padres/madres: “que sus súper-mágicos-poderes, los iluminen para que recuerden que a niños y niñas se les caerán muchos dientes, nosotros somos pequeñitos, dejamos sorpresas muy pequeñitas: un chocolatito, un caramelo, una moneda, etc.


Nota importante de los personajes anteriores: “padres y madres eduquen a sus hijos bajo la visión del recic

Art Santa Claus

laje y el desprendimiento, esto es: si entra algo nuevo, que sean capaces de despedirse de algo (juguete, ropa, etc). Y si aún está en buen estado sería genial, muchas personitas en el mundo agradecen las donaciones.


Saber desprenderse de las cosas desde pequeños trae consigo beneficios cuando somos adultos, se valoran realmente las 

cosas y si desarrollamos en nuestros/nuestras hijos/hijas el altruismo haciéndolos partícipes de donar sus cosas cuando no las ocupan, estamos sembrando bondad y agradecimiento.

Si cuando eras niño/niña sólo te dejaban UN regalo en fechas puntuales y ahora puedes dar más a tus hijos/hijas, felicidades. Te invito a visitar y a vivir “la nueva época del trueque”, en donde se cambian juguetes por momentos y tiempo efectivo de convivencia. Eso, es lo más anhelado por niños y niñas sea cual sea la clase social que se tenga.

 

Vanessa Maillefert Rovira.
Psicoterapeuta individual, familiar y de pareja.